Erik Ruiz
Michoacán, México

First Course:
Guadalajara, November 2015

Y al final un día, después de todo me resigné a sobrevivir...

La rabia y el dolor fueron compañeros de vida por muchos, muchos años. Perdí momentos que ahora sólo quedaron en mi memoria.

Vivir callado es el peor castigo para cualquier ser humano; el sueño de ser libre era tan solo una utopía, y así en ese sentido de libertad mi mente volaba todos los días al mundo que aprendí, al mundo que soñe.

Quería ser, quería decir, quería... Haaablar y s-ser escuchado; pero había un enemigo que me conocía de toda la vida, que no desaprovechaba cada instante de flaqueza para hacer de mi supervivencia un infierno. Enemigo que me hizo llorar, me hizo débil, callado y sumiso. Toda posibilidad de nobleza cada día se alejaba de mí y con esto emergía un ser totalmente distante, frío e inseguro de todo.

Hablaba pero mi voz no se oía; burlas me acompañaron desde que tengo algo de lucidez, consciencia y memoria.

Mi familia y amigos se reían de aquel niño que cada día enloquecia por querer ser "normal" como toda la gente... La gracia que causaba mis repeticiones era mi mayor desgracia.

Llegó un punto de mi vida que decidí ser transparente... La escuela, la familia y todo intento por ser sociable era un verdadero martirio. Vivir sobreviviendo, callar hablando; ahí estaba un mundo y yo; solo contra todo y contra todos.

Surgía a cada instante la pregunta que no me daba respuesta, ¿seré un día elocuente o al menos feliz? ¿Cuándo dejaré de tartamudear?

La gente juzga fácil y uno siente intimidatorio cualquier acercamiento con el mundo. Frases como "tranquilo Erik", "no pasa nada"... Pero acaso ellos sabían el suplicio de un tartamudo?

Era evidente que me sentía muerto en vida, use trucos de todos los colores y sabores para encubrir mi Tartamudez, lloraba, me reprochaba cada instante de mi vida. Siempre me cuestionaba ¿por qué a mi?, ¿Por qué yo?

Un día escuche en spot en la tele y me puso a pensar que, sí había más humanos como yo, quizá encontraría una cura.

Me ilusione, y tras 2 intentos fallidos dejé de pensar en la "cura". Así pasaron varios años de aquel comercial y por fin en el 2015 llegó la tan esperada "cura". Torreón apuntaba a ser mi salvación pero finalmente fue Guadalajara. Cómo olvidar el día previo al curso, iba con la mente toda perdida y las ilusiones de algo que parecía ser otro intento más por dejar de ser un tartamudo resignado. Pasaron las horas y les puedo resumir que a 5 meses de estar graduado sigo infinitamente agradecido con todo y todos los cómplices que hacen el cambio una realidad.

Gracias Guadalajara, gracias Alfredo, Gracias Ivan y Javier, gracias... Gracias y lo demás es historia, recuerdos y memoria. Sigo luchando para llegar a la meta, me sigo cayendo, sigo llorando, sigo siendo alguien que tartamudea pero ahora como dice un amigo de Torreón, soy un tartamudo profesional.

Nunca se rindan, nunca digan digan no, y sobre todo, nunca olvides algo...

Nunca te detengas, nunca.