Joaquín Becerra
Mérida, México

First Course:
November 2017

“Todos tenemos una voz y merecemos ser escuchados”. Durante muchos años de mi vida no entendía el significado de esta frase, muchas veces pensé que los que tenían el poder de la palabra eran los oradores, y siempre quise ser uno de ellos, expresar mis ideas sin tartamudear y que me entendieran cuando me comunicara.

Comencé a tartamudear desde que tengo uso de razón, desde que pronuncié las primeras palabras, al comienzo no sabía cómo se llamaba lo que me pasaba simplemente me costaba trabajo comunicarme. Durante mi infancia fui con psicólogos y terapeutas de lenguaje para el control de mi tartamudez pero no veía resultados factibles. Desde pequeño me hice consiente de mi condición por frases como: ¡Tranquilo!, ¡No te pongas nervioso!, ¡Piensa antes de hablar! y por consiguiente la situación que vivía a diario en la escuela burlas y rechazo de mis compañeros.

Siempre me molestó tartamudear, era algo desagradable para mí, en el transcurso de la secundaria y prepa investigaba en internet sobre su control y no lograba buscar algo que me ayudara.

Aprendí a vivir con la tartamudez, entré a la universidad, estudié una carrera 100% hablada, comunicación. Un gran reto para mí, el camino no fue fácil, ahí es cuando me percate que la sociedad no está concientizada sobre la tartamudez, estudié en dos universidades. Nunca dejé que la tartamudez me frenara en lograr mis objetivos aunque no niego que me causaba mucho dolor el no hablar fluido.

En la segunda universidad en la que estudié por platicarle a una profesora acerca de mi condición me proporcionó ayuda y me recomendó hablar con una persona que había tomado el curso del programa “McGuire”. Me comuniqué con él, me platicó acerca del programa, vi videos de graduados que tenían el control de su tartamudez. Tenía miedo de inscribirme pero me aventé y fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Ahora ya controlo más mi tartamudez pero principalmente he aceptado la condición por completo.

Es necesario que las personas amen su condición por sobre todas las cosas, porque es algo que los hace únicos, es lo que los distingue del resto de los demás. Por otro lado hace falta concientizar a la sociedad acerca de la tartamudez, sobre lo que es y de igual manera sobre lo que siente la persona que tartamudea.

Ya no busco la perfección cuando hablo, si tartamudeo ¡No pasa nada!, continúo expresándome, haciendo mis técnicas y formulando antes de hablar pero principalmente disfrutando el proceso del habla enfocándome en ¡el proceso no en el resultado!

¡Ahora ya puedo exponer mis ideas delante de un auditorio! ¡Hablar sin miedo y con disciplina, tenacidad y entrega! Continuar con mi proceso de convertirme en  el orador que siempre he querido ser, pero nunca olvidar que mi tartamudez es “mi gran virtud, mi mayor fortaleza”.